ACEI alerta de la situación crítica de las escuelas infantiles privadas en España

ACEI alerta de la situación crítica de las escuelas infantiles privadas en España

Desde el sector llevamos tiempo observando una realidad que ya no admite eufemismos: las escuelas infantiles privadas en España atraviesan una situación crítica. Así lo advierte la Asociación de Empresarios de Centros Privados de Educación Infantil (ACEI), que pone cifras, contexto y, sobre todo, preocupación a un problema estructural que combina presión económica, intrusismo profesional y un marco normativo que no siempre se hace cumplir.

La fotografía es clara. Mientras los centros que operan dentro de la legalidad cumplen con cada requisito —desde la titulación del personal hasta la seguridad de las instalaciones—, proliferan actividades paralelas que esquivan controles, operan sin garantías y distorsionan el mercado. No hablamos solo de competencia desleal. Hablamos de seguridad infantil, responsabilidad jurídica y calidad educativa.

Intrusismo y falta de control: el origen de un problema estructural

Detectamos un fenómeno creciente: la apertura de espacios educativos sin cumplir con la normativa vigente. Centros que operan sin las debidas autorizaciones, sin supervisión técnica y, en muchos casos, sin las condiciones mínimas exigibles. Esta realidad no es anecdótica. Es una amenaza directa al modelo educativo reglado.

En este punto conviene ser precisos: la licencia de actividad no es un trámite administrativo decorativo. Es el mecanismo que certifica que un espacio reúne condiciones de seguridad, salubridad, accesibilidad y adecuación al uso educativo. Sin ella, no hay garantías. Sin ella, no hay control.

Por eso insistimos en que cualquier proyecto educativo debe apoyarse en una correcta licencia de actividad, no como requisito burocrático, sino como el pilar que legitima la actividad ante la administración y protege tanto a los menores como a los propios empresarios.

Centros legales frente a costes asfixiantes: la ecuación imposible

Mientras tanto, los centros que sí cumplen con la normativa se enfrentan a una realidad económica cada vez más exigente. Los costes estructurales se han disparado: seguros sociales, salarios, suministros, impuestos y mantenimiento técnico. A esto se suma el cumplimiento de normativas cada vez más específicas en materia de seguridad, evacuación, protección contra incendios y adecuación de espacios.

En este escenario, las escuelas infantiles privadas operan con márgenes mínimos. La capacidad de trasladar estos costes a las familias es limitada, lo que genera un desequilibrio que compromete la viabilidad del sector. Y, sin embargo, siguen siendo estas mismas empresas las que sostienen el estándar de calidad exigido.

Es aquí donde entra en juego otro elemento clave: la correcta tramitación de la licencia actividad. No se trata solo de abrir un centro, sino de garantizar que cada modificación, ampliación o reforma cumple con la normativa urbanística y técnica vigente. Cada error en este proceso puede traducirse en sanciones, cierres o responsabilidades legales.

Normativa, licencias y declaraciones responsables: el verdadero filtro de calidad

Conviene aclararlo sin rodeos: el sistema de licencias y declaraciones responsables no es una traba, es un filtro de calidad. Las licencias de apertura, las licencias de obras y las declaraciones responsables constituyen el marco que asegura que un centro educativo cumple con todos los estándares exigidos.

Cuando este sistema se relaja o se ignora, el resultado es inmediato: proliferan actividades sin control, se reduce la calidad del servicio y se pone en riesgo la seguridad de los usuarios. Por eso insistimos en la necesidad de informarse adecuadamente y acudir a fuentes especializadas; de hecho, siempre recomendamos visitar plataformas/portales especializadas como por ejemplo este: blog de licencias, donde se analizan en profundidad los requisitos técnicos y legales que afectan a este tipo de actividades.

Ayudas públicas insuficientes y planificación incierta

Otro de los puntos críticos señalados por ACEI es la falta de previsión en las políticas públicas. El sistema de ayudas, especialmente los denominados “cheques escolares”, no se ajusta al incremento real de los costes. Esto genera un desfase que impacta directamente en la sostenibilidad de los centros.

Además, la incertidumbre sobre futuras convocatorias —como la prevista para 2027— dificulta la planificación empresarial. Sin visibilidad, sin estabilidad normativa y sin apoyo económico suficiente, el sector queda expuesto a decisiones a corto plazo que comprometen su continuidad.

Licitaciones públicas: una barrera para las pequeñas empresas

El acceso a contratos públicos se ha convertido en otro obstáculo relevante. Las pequeñas empresas y autónomos del sector encuentran dificultades para competir en procesos de licitación diseñados, en muchos casos, para estructuras empresariales de mayor tamaño.

Esto provoca una desconexión entre la realidad del tejido empresarial y los mecanismos de contratación pública, dejando fuera a quienes, paradójicamente, sostienen gran parte del servicio educativo en el tramo de 0 a 3 años.

Conciliación, empleo y servicio social: lo que está en juego

No estamos ante un sector cualquiera. Las escuelas infantiles privadas cumplen una función esencial en la sociedad: facilitan la conciliación laboral y familiar, generan empleo y garantizan un servicio educativo clave en las primeras etapas de desarrollo.

Cuando este sistema se debilita, el impacto trasciende lo económico. Afecta a las familias, al mercado laboral y al propio modelo educativo. Por eso resulta imprescindible reforzar el marco de apoyo institucional y, al mismo tiempo, exigir el cumplimiento estricto de la normativa a todos los operadores.

La legalidad no es opcional: es la base del sector

Si algo deja claro esta situación es que la legalidad no puede ser un factor competitivo. No puede haber centros que operen sin licencias mientras otros asumen todos los costes derivados de cumplir la normativa. Esa asimetría no solo es injusta: es insostenible.

Defendemos un modelo en el que la licencia de actividad, la declaración responsable, la licencia de apertura y las licencias de obras no sean vistas como obstáculos, sino como garantías. Porque lo son. Garantías de seguridad, de calidad y de profesionalidad.

Regular mejor para proteger más

ACEI no lanza una advertencia aislada. Señala una tendencia que, de no corregirse, puede comprometer la viabilidad de todo un sector. La solución no pasa por relajar la normativa, sino por aplicarla con rigor, reforzar los mecanismos de control y apoyar económicamente a quienes cumplen con ella.

En un contexto donde la educación infantil es cada vez más relevante, resulta imprescindible entender que sin licencias, sin control y sin normativa, no hay sistema que se sostenga. Y que, en última instancia, lo que está en juego no es solo un modelo empresarial, sino el bienestar y la seguridad de los más pequeños.