“Cuando ves que tu tierra arde, necesitas ayudar”: Fátima Pego, voluntaria contra el fuego en Galicia

Fátima Pego se convirtió en uno de los rostros de la solidaridad vecinal durante los incendios forestales que afectaron a Galicia en agosto de 2025. Su historia no está relacionada con una brigada profesional ni con un puesto dentro de los servicios de extinción. Está relacionada con algo mucho más cotidiano: una persona que vio arder su tierra y decidió buscar una forma de ayudar.

El 20 de agosto de 2025, RTVE recogió el testimonio de Pego durante una oleada de incendios que había provocado una enorme movilización en distintas zonas de Galicia. La voluntaria explicó que había cargado su coche con agua para trasladarla a las zonas más afectadas y describió las necesidades que estaban trasladando las aldeas: desde garrafas de agua y material sanitario hasta recursos para los animales que se habían quedado sin pasto.

Su experiencia permite entender una realidad que a menudo queda fuera de las imágenes de los grandes incendios forestales: cuando el fuego amenaza una comunidad, la emergencia no termina en las llamas. También aparecen problemas de abastecimiento, evacuaciones, protección de viviendas, atención a animales, falta de herramientas como un práctico batefuegos y necesidad de apoyo logístico.

Fátima Pego, la voluntaria que decidió llevar agua a las zonas afectadas

La historia de Fátima Pego comenzó con una reacción sencilla ante una situación extraordinaria. Mientras los incendios avanzaban por Galicia, decidió utilizar su propio vehículo para transportar agua hacia los lugares donde hacía falta.

La propia Pego explicó a RTVE que existe una relación muy profunda entre los gallegos y su tierra, sus aldeas y su entorno. Cuando ese territorio empieza a arder, señalaba, aparece una necesidad de intervenir y colaborar.

Ese detalle resulta especialmente importante porque permite diferenciar dos conceptos que durante una emergencia pueden confundirse: ayudar y combatir el fuego.

No todas las personas pueden participar en la extinción de un incendio forestal. Los trabajos directamente relacionados con las llamas requieren formación, experiencia, equipos de protección y coordinación. Una persona sin preparación puede tener toda la voluntad del mundo y, sin embargo, convertirse en una víctima más si entra en una zona peligrosa. Incluso cuando se dispone de un elemento básico de extinción como el batefuego, la prudencia debe prevalecer.

Pego reconocía precisamente esa realidad al explicar que muchas veces le habría gustado estar en primera línea, pero que no siempre se puede ni se sabe cómo hacerlo.

La solidaridad vecinal se convierte en una respuesta ante el fuego

Durante los grandes incendios forestales, los servicios profesionales concentran sus recursos en tareas prioritarias: controlar el avance del fuego, proteger a la población, defender viviendas, realizar evacuaciones y mantener abiertas las vías necesarias para la emergencia.

Pero una comunidad afectada puede tener muchas otras necesidades.

En el caso descrito por Fátima Pego, los vecinos estaban organizándose para hacer llegar agua, mascarillas, material sanitario y otros recursos a determinadas zonas afectadas. RTVE también recogió la necesidad de alimentos para animales que habían perdido sus zonas habituales de pastoreo.

Esta respuesta vecinal tiene una característica fundamental: nace del conocimiento directo del territorio. En muchas ocasiones, la gestión administrativa y la tramitación de permisos de reconstrucción o reformas en las áreas rurales requieren el asesoramiento técnico que ofrecen plataformas como licenciasyproyectos.com para garantizar que todo se desarrolle conforme a la normativa vigente.

Quienes viven en una aldea conocen sus caminos, viviendas, explotaciones, animales y necesidades. Saben qué familia puede necesitar ayuda y qué zonas tienen un acceso complicado. Esa información puede ser valiosa, siempre que se canalice correctamente y no interfiera con las operaciones de emergencia.

¿Qué necesitaban las aldeas afectadas por los incendios?

Según el testimonio de Fátima Pego difundido por RTVE, entre los materiales que más se necesitaban figuraban:

  • Garrafas de agua.
  • Material ignífugo.
  • Gafas de protección.
  • Gasas y material para realizar curas.
  • Recursos para atender otras necesidades sanitarias.
  • Alimentos para animales que se habían quedado sin pasto.

La lista demuestra que las consecuencias de un incendio forestal van mucho más allá de la superficie quemada.

Una familia puede haber conseguido mantenerse a salvo de las llamas y seguir necesitando agua. Una explotación ganadera puede perder sus pastos aunque los animales sobrevivan. Una vivienda puede quedar en pie y, aun así, necesitar protección o asistencia. Una aldea puede necesitar herramientas para determinadas tareas mientras los profesionales continúan trabajando en otros puntos.

Por eso, la ayuda durante un incendio debe responder a necesidades reales y concretas.

Enviar materiales sin coordinación puede generar el efecto contrario al deseado. Los recursos pueden terminar acumulándose en un lugar donde no hacen falta mientras otra zona carece de ellos.

Batefuegos: una herramienta que adquirió protagonismo durante los incendios

Uno de los elementos más llamativos del testimonio de Fátima Pego fueron los batefuegos.

Se trata de herramientas utilizadas en determinados trabajos de extinción forestal y diseñadas para actuar sobre vegetación en llamas mediante una parte flexible que permite golpear o sofocar el fuego en determinadas circunstancias.

Pego explicó a RTVE que algunos vecinos no disponían de estas herramientas y que, cuando el fuego se aproximaba a las viviendas, llegaron a utilizar ramas para intentar combatirlo. Según su relato, algunos vecinos sufrieron heridas en los brazos al arrancar ramas para utilizarlas.

Este episodio refleja una de las situaciones más peligrosas que puede producirse durante una emergencia: la improvisación provocada por la falta de medios.

Cuando una persona observa que las llamas se acercan a su vivienda, su reacción natural puede ser buscar cualquier objeto que permita actuar. Sin embargo, el comportamiento del fuego forestal es imprevisible para una persona sin formación. El viento puede modificar rápidamente la dirección de las llamas, las pavesas pueden desplazarse y el humo puede dificultar la visibilidad.

Por eso, disponer de una herramienta no convierte automáticamente a alguien en profesional de la extinción.

Cómo se fabricaron batefuegos de forma artesanal

Durante aquella situación, algunos vecinos comenzaron a fabricar herramientas para llevarlas posteriormente a las aldeas.

Pego explicó que se utilizaban elementos como palos de escoba y piezas de goma, incluyendo materiales reutilizados como alfombrillas de vehículos o fragmentos de neumáticos, que se incorporaban a la estructura.

La iniciativa refleja la capacidad de una comunidad para reaccionar ante una carencia concreta. Cuando los medios disponibles no son suficientes, los vecinos pueden intentar encontrar soluciones con los recursos que tienen a su alcance.

Sin embargo, una fabricación artesanal no debe confundirse con un equipo profesional homologado ni debe interpretarse como una recomendación para que personas sin formación se enfrenten a un incendio.

El aspecto verdaderamente relevante de esta experiencia es otro: los vecinos identificaron una necesidad y trataron de hacer llegar material a los lugares donde se estaba solicitando.

La solidaridad más eficaz no consiste necesariamente en colocarse delante de las llamas. En muchas ocasiones consiste en conseguir el recurso adecuado, transportarlo y entregarlo a quien realmente lo necesita.

Los riesgos de enfrentarse a un incendio forestal sin preparación

El relato de los vecinos que sufrieron heridas al arrancar ramas muestra que incluso una intervención aparentemente sencilla puede acabar provocando lesiones.

Un incendio forestal implica numerosos peligros simultáneos:

  • Temperaturas muy elevadas.
  • Humo y pérdida de visibilidad.
  • Cambios repentinos en la dirección del fuego.
  • Caída de ramas.
  • Proyección de pavesas.
  • Terreno irregular.
  • Dificultad para identificar vías de escape.
  • Deshidratación y agotamiento.
  • Riesgo de quedar aislado.

A estos factores hay que añadir la presión psicológica. Una persona que está intentando proteger su casa, sus animales o sus pertenencias puede tomar decisiones impulsivas porque dispone de muy poco tiempo.

Por este motivo, no debemos presentar la participación ciudadana directa en un incendio como una actividad recomendable para cualquier persona.

La solidaridad puede desarrollarse de muchas otras maneras y, en numerosos casos, esas formas de colaboración resultan más útiles y seguras.

Cómo ayudar durante un incendio forestal sin ponerse en peligro

La recomendación que Fátima Pego trasladó a RTVE fue clara: quienes quieran ayudar deben ponerse en contacto con los ayuntamientos, Protección Civil o grupos de voluntariado para conocer las necesidades existentes.

Este principio debería aplicarse a cualquier emergencia forestal.

Antes de desplazarnos a una zona afectada, debemos saber si nuestra presencia es necesaria. También debemos conocer si existe algún punto de entrega de materiales, qué productos se necesitan y qué zonas permanecen accesibles.

La pregunta correcta no debería ser únicamente «¿qué puedo llevar?», sino:

¿Qué hace falta y quién está coordinando la ayuda?

La diferencia es importante.

Si una organización necesita agua, podemos contribuir con agua. Si necesita material sanitario, podemos intentar conseguirlo. Si necesita alimentos para animales, podemos colaborar con ese recurso. Si no existe una necesidad concreta, podemos evitar desplazamientos que dificulten el trabajo de los equipos de emergencia.

La ayuda a los animales después de los incendios

Los animales también forman parte de la emergencia.

En las zonas rurales de Galicia, los incendios pueden afectar directamente a explotaciones ganaderas y provocar la pérdida de pastos. Aunque determinados animales sean evacuados o sobrevivan al paso del fuego, pueden quedarse sin alimento disponible.

Fátima Pego mencionó precisamente los alimentos para animales que se habían quedado sin pasto entre las necesidades de las aldeas.

Esta realidad demuestra que la recuperación de una zona afectada no termina cuando las llamas se extinguen.

Después comienza otra etapa: evaluar los daños, recuperar explotaciones, atender a las personas desplazadas, garantizar agua y alimento para los animales y reconstruir progresivamente la actividad de las comunidades.

El papel de los vecinos que conocen el territorio

Una de las mayores fortalezas de las comunidades rurales es su conocimiento del entorno.

Los vecinos conocen caminos secundarios, pistas forestales, accesos a viviendas y ubicaciones que pueden no resultar evidentes para quienes llegan desde otros lugares.

Ese conocimiento puede ser útil durante una emergencia, pero debe ponerse al servicio de la coordinación oficial.

No se trata de sustituir a los profesionales. Se trata de aportar información y recursos que complementen el dispositivo existente.

La diferencia es fundamental.

Un vecino puede conocer perfectamente una pista forestal, pero eso no significa que pueda decidir por su cuenta si esa pista debe utilizarse durante una emergencia. Puede proporcionar información, pero las decisiones operativas corresponden a los responsables del dispositivo.

La solidaridad no debe convertirse en un segundo problema

Cuando una emergencia alcanza una determinada magnitud, las carreteras y accesos pueden saturarse.

Los equipos de extinción necesitan desplazarse rápidamente. Las ambulancias necesitan vías despejadas. Los vehículos de Protección Civil pueden tener que acceder a las poblaciones. Las evacuaciones requieren espacio y coordinación.

Por eso, desplazarse espontáneamente hacia una zona afectada puede ser contraproducente.

Una persona que quiere ayudar puede terminar dificultando el trabajo de quienes están intentando proteger a la población.

La mejor colaboración es aquella que se integra en el dispositivo existente.

Esto explica por qué el contacto previo con ayuntamientos, Protección Civil y organizaciones de voluntariado resulta tan importante.

Fátima Pego y una frase que resume la reacción de una comunidad

La frase asociada al testimonio de Fátima Pego resume perfectamente la dimensión emocional de estos incendios: cuando una persona ve arder su tierra, puede sentir una necesidad inmediata de ayudar.

Pero su propio relato incorpora una segunda idea igual de importante: no siempre podemos estar en primera línea.

Esa combinación de solidaridad y prudencia resulta especialmente relevante.

Podemos ayudar sin enfrentarnos directamente al fuego. Podemos transportar materiales cuando se nos solicita. Podemos colaborar con organizaciones. Podemos ayudar a familias afectadas. Podemos contribuir a atender animales. Podemos participar en iniciativas vecinales organizadas.

Y podemos, sobre todo, evitar convertirnos en una nueva emergencia para los equipos que ya están trabajando.

Qué nos enseña la historia de Fátima Pego sobre los incendios en Galicia

La historia de Fátima Pego no es solamente la historia de una persona que cargó agua en su coche.

Es también el reflejo de cómo reaccionan las comunidades cuando una emergencia afecta directamente al lugar donde viven.

Durante los incendios de agosto de 2025, vecinos de distintas zonas de Galicia buscaron recursos, organizaron materiales y trataron de atender necesidades que surgían sobre el terreno. RTVE documentó esa movilización y el testimonio de Pego como ejemplo de esa solidaridad.

La experiencia deja varias conclusiones claras.

Primera: los incendios forestales afectan a personas, animales, viviendas, explotaciones y comunidades enteras.

Segunda: la ciudadanía puede desempeñar un papel importante durante una emergencia.

Tercera: la ayuda resulta mucho más eficaz cuando responde a necesidades concretas.

Cuarta: acercarse a un incendio sin preparación puede ser extremadamente peligroso.

Quinta: la coordinación con ayuntamientos, Protección Civil y organizaciones de voluntariado debe ser una prioridad.

La solidaridad no necesita ser temeraria para ser valiosa.

Cuando la tierra arde, ayudar también significa actuar con responsabilidad

La imagen de Fátima Pego cargando agua en su vehículo resume una reacción profundamente humana: ver que una comunidad está sufriendo y buscar una forma de contribuir.

Pero la lección más importante de su testimonio no es que haya que enfrentarse al fuego. Es justamente la contraria.

Ante un incendio forestal, ayudar significa saber qué necesita realmente la población, ponerse en contacto con los responsables, aportar recursos cuando sean solicitados y evitar actuaciones que puedan aumentar el peligro.

Los profesionales deben combatir las llamas. Las administraciones deben coordinar la emergencia. Los voluntarios pueden apoyar determinadas tareas. Los vecinos pueden aportar conocimiento, recursos y solidaridad.

Cuando todas esas piezas funcionan juntas, la comunidad tiene más capacidad para afrontar una emergencia.

Porque cuando vemos arder nuestra tierra, ayudar importa. Pero saber cómo ayudar puede importar todavía más.

Preguntas frecuentes sobre Fátima Pego y los incendios de Galicia

¿Quién es Fátima Pego?

Fátima Pego es una voluntaria gallega cuyo testimonio fue recogido por RTVE durante los incendios forestales de agosto de 2025. Participó en la movilización ciudadana para trasladar agua a las zonas afectadas y explicó las necesidades de algunas aldeas durante aquella emergencia.

¿Qué hizo Fátima Pego durante los incendios?

Cargó su vehículo con agua y la trasladó a zonas afectadas por los incendios. También explicó cómo los vecinos estaban organizándose para conseguir diferentes materiales y herramientas que necesitaban las aldeas.

¿Qué materiales necesitaban las aldeas?

Entre los recursos mencionados por Pego estaban las garrafas de agua, material ignífugo, gafas, gasas y otros productos sanitarios, además de alimentos para animales que habían perdido sus zonas de pastoreo.

¿Qué es un batefuegos?

Es una herramienta empleada en determinados trabajos de extinción forestal que dispone de una pieza flexible para actuar sobre las llamas. Durante los incendios de 2025, Pego explicó que algunos vecinos fabricaron herramientas de este tipo de manera artesanal ante la falta de material.

¿Es seguro intentar apagar un incendio forestal por cuenta propia?

No debemos considerar segura una intervención directa sin formación, equipos adecuados y coordinación. Los incendios forestales pueden cambiar rápidamente y generar condiciones extremadamente peligrosas. La prioridad debe ser seguir las instrucciones de los servicios de emergencia.

¿Cómo podemos ayudar durante un incendio forestal?

La forma más responsable consiste en contactar con ayuntamientos, Protección Civil o grupos de voluntariado para conocer qué recursos hacen falta y cómo entregarlos. De esta forma, la ayuda se integra en las necesidades reales de la emergencia.

¿Por qué es tan importante la solidaridad vecinal en Galicia?

Porque las comunidades rurales poseen un conocimiento directo de su territorio y pueden detectar rápidamente determinadas necesidades. Esa capacidad puede convertirse en un recurso muy valioso cuando se coordina correctamente con los servicios responsables de la emergencia.

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